Seguro que tienes alguno. Un cuaderno empezado con ilusión, con unas cuantas páginas escritas y muchas en blanco. No está terminado, pero tampoco eres capaz de tirarlo. Y no es casualidad.
Los cuadernos no son solo papel. Son testigos de momentos, ideas, etapas y pensamientos. Por eso cuesta tanto deshacerse de ellos, incluso cuando sabemos que probablemente no los vamos a volver a usar.
Un cuaderno nunca está realmente vacío
Aunque tenga muchas páginas en blanco, un cuaderno empezado ya no es nuevo. Tiene una historia. La primera frase escrita, la letra de un momento concreto, el día en que decidiste empezar algo.
Tirar un cuaderno a medias se siente casi como borrar una parte de ese momento. No porque sea importante para nadie más, sino porque lo fue para ti.
La culpa de no haberlo terminado
Muchas veces no tiramos un cuaderno porque sentimos que hemos fallado. Como si no haberlo llenado fuera una especie de tarea pendiente.
Pero los cuadernos no son compromisos. No están hechos para cumplirse, sino para acompañar. Y acompañar a veces significa quedarse a medias.
Cuadernos como archivo emocional
Un cuaderno guarda más que palabras. Guarda estados de ánimo, ritmos, etapas. Al volver a abrir uno antiguo no solo lees lo que escribiste, recuerdas quién eras cuando lo hiciste.
Por eso cuesta tirarlos. Porque no son solo objetos, son pequeños archivos personales.
👉 Cuadernos pensados para acompañar procesos, no para imponerse
No todos los cuadernos nacen para acabarse
Algunos cuadernos son para una idea concreta. Otros para un momento específico. Hay cuadernos de listas, de pensamientos sueltos, de dibujos rápidos o de notas caóticas.
Y está bien que así sea. No todos los cuadernos necesitan un final. Algunos simplemente cumplen su función y se quedan ahí, completos en su incompletitud.
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Qué hacer con los cuadernos a medias
Si te cuesta guardarlos sin más, hay formas de darles otro sentido:
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Usarlos solo para notas sueltas
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Convertirlos en cuadernos de citas
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Reservarlos para escribir sin pensar
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Dejarlos como recuerdo de una etapa
No hace falta empezar desde la primera página ni seguir un orden.
Comprar un cuaderno nuevo no es traicionar al anterior
A veces sentimos que no “merecemos” empezar un cuaderno nuevo si hay otros a medias. Pero empezar uno nuevo no invalida los anteriores.
Cada cuaderno responde a un momento distinto. Y cambiar de cuaderno también es cambiar de etapa, de ritmo o de intención.
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Guardar, no acumular
Guardar cuadernos no es lo mismo que acumular. Si te aportan algo —aunque solo sea un recuerdo—, tienen sentido. Si no, también está bien dejarlos ir.
Lo importante es que no se conviertan en una obligación ni en una carga.
Los cuadernos no miden tu constancia
No terminar un cuaderno no dice nada malo de ti. No habla de falta de disciplina ni de constancia. Solo habla de una persona real, con etapas, cambios y procesos.
Al final, los cuadernos no están para juzgarnos, sino para acompañarnos. Y a veces, acompañar también significa quedarse a medias.

